La guerra entre Israel y Hezbollah desplaza familias libanesas del sur a escuelas en montañas Shuf, con aulas convertidas en refugios precarios por falta de agua caliente, mantas, comida y riesgo de enfermedades por higiene deficiente en Daraya.
En Beirut Badaro, bares y cafés operan al 50-60% pese a bombardeos cercanos; vecinos mantienen rutina diaria pero temen escalada mientras piden paz con vecinos.
En frontera israelí a un kilómetro de Líbano, comunidades vacías por cohetes y drones de Hezbollah; vecinos claman eliminar la milicia para siempre sin acuerdos y sueñan con derrota total, mientras gobierno de Netanyahu no evacúa como en 2023.
Nacionalistas religiosos se instalan en primera línea; israelíes desean invasión de Líbano y separación amplia de Hezbollah para seguridad a largo plazo, pese a un millón de libaneses desplazados.