El pastor enfatizó que la resurrección de Jesús es el milagro más grande de la historia, central en la predicación apostólica, profetizada en Salmo 16, Isaías 53 y anunciada por Jesús mismo.
Los apóstoles dieron testimonio ocular, lo tocaron, comieron con él 40 días, dispuestos a morir por la verdad, con 500 testigos al mismo tiempo, mayoría viva 25 años después.
Rechazó teoría desmayo ignorando flagelo romano cruel y evidencia médica de muerte por asfixia, confirmada por soldados romanos, centurión, Pilato, José de Arimatea, Nicodemo y mujeres.
Proclamó Cristo vivo, acontecimiento más atestiguado imposible refutar.