La pérdida de memoria aumenta con la edad, causando olvidos de hechos pasados o alteración de su orden, lo que genera confusión sobre si ocurrieron.
Un buen descanso nocturno es clave: el cerebro expulsa toxinas, recarga y organiza recuerdos; las siestas ayudan a retener información aprendida.
Evitar multitarea, que distrae neuronas y fragmenta recuerdos; romper monotonía para secretar adrenalina, dopamina y serotonina que potencian plasticidad cerebral; no confiar solo en memoria, ya que el cerebro prioriza lo importante.
A largo plazo, reducir estrés con mindfulness, dieta mediterránea, ejercicio aeróbico como caminar para mejorar vasculatura cerebral, mantener relaciones sociales y exponerse a novedades estimulan la memoria.