La guerra en Irán y el bloqueo del Estrecho de Hormuz provocan escasez y aumento de precios de fertilizantes en Alemania, afectando a agricultores en plena temporada de siembra de trigo y colza.
Los costes de energía y transporte también suben, complicando la producción. Un ingeniero agrónomo de una granja de 2.500 hectáreas necesita 850 toneladas de fertilizante al año, pero enfrenta retrasos de semanas en entregas porque un tercio del comercio mundial pasa por el Estrecho bloqueado.
El productor compensa parcialmente con residuos de biogás, pero insiste en que cada día cuenta para el crecimiento de cultivos. Europa sigue dependiendo de suministros rusos en medio de esta doble crisis.
La situación revela la fragilidad de la cadena de suministro agrícola ante conflictos geopolíticos.