Florinda dio testimonio por su hija joven que se casó, tuvo tres hijos y enfrentó problemas familiares graves, peleas y eventual separación. Aferrada a su fe, usó el aceite de la luz consagrado ungindo diariamente fotos de la familia pese a que su hija no creía.
Logró transformación espiritual de su hija, nietos y yerno, restaurando el matrimonio y trayendo felicidad pese a problemas económicos. Todos se unieron y fortalecieron en Dios gracias al aceite y la palabra.