La planta de gas natural licuado de Ras Lafán en Qatar, la mayor del mundo, sufrió daños considerables por un nuevo ataque atribuido a Irán, en represalia por bombardeos israelíes a instalaciones en el yacimiento de Parsur.
Los mercados reaccionan con pánico: el precio del gas de referencia para Europa se disparó más de un 23% el jueves, duplicándose respecto a niveles previos a la guerra. Operadores hablan de adrenalina y miedo ante la escalada, con dudas sobre misiles balísticos iraníes.
Los ataques también alcanzaron instalaciones petroleras en Arabia Saudita y Kuwait. El petróleo mantiene niveles altos dependientes de la duración del conflicto en el Golfo Pérsico.
El Banco Central Europeo mantuvo tasas en 2% pese a presión inflacionaria por la guerra, recortando pronóstico de crecimiento de 1,2% a 0,9% para 2026, ya que faltan datos sobre impacto en precios.