El comedor Jala Jala en Villa 31 duplicó sus asistentes diarios de 326 a casi 600 personas, según reportó en vivo Cristian Neche, contradiciendo datos oficiales de baja pobreza anunciados por el presidente.
Jala, responsable del lugar, ironizó sobre la mejora económica porque ve más familias enteras sin trabajo ni comida, incluyendo gente con empleo que no alcanza; voluntarios como Vero confirmaron que cocinan por amor, no por planes sociales que se caen al 31 de mes por 78 mil pesos, afectando a quienes colaboran sin pago.
Denunciaron discriminación laboral por vivir en la villa: Jala contó que lo despidieron del Sheraton en Retiro tras devolver 895 mil dólares encontrados, al descubrir su domicilio; otros trabajadores en seguridad pierden puestos por "dudosa vivencia". El gobierno porteño provee comida, pero crece la demanda.
Panel en estudio debatió sin hallar en Google la anécdota de Jala, cuestionó estadísticas de indigencia y villas miseria bajo gobiernos kirchneristas (de 2.400 a 6.747), pero resaltó realidad en terreno pese a premios FAO a Cristina.