Los bombardeos israelíes en el sur de Líbano contra Hezbollah, respaldado por Irán, provocaron 968 muertos desde el 2 de marzo, de los cuales 116 eran niños, y desplazaron a un millón de personas que huyen hacia fronteras para resguardar sus vidas.
El primer ministro libanés Salam apeló directamente a Donald Trump para que ponga fin a la guerra en Medio Oriente con un cese al fuego inmediato, afirmando que el líder estadounidense está en la mejor posición para detener el conflicto impuesto al pueblo libanés.
Israel apunta su arsenal militar contra estructuras de mando de Hezbollah en Líbano para debilitar al grupo extremista y reforzar su frontera norte, en medio de un balance trágico de civiles muertos, niños huérfanos y familias destruidas.
Voces en Estados Unidos, como Joe Kent, exdirector del Centro Nacional Antiterrorista, desmienten que Irán represente una amenaza nuclear inminente y califican la guerra como un montaje impulsado por la presión de Israel, comparándola con la invasión de Irak en 2003.