Basado en la ley de guerra de Deuteronomio, el pastor enseña intimar paz primero a enemigos espirituales como espíritus de enfermedad (artritis, asma), miseria, pobreza y estancamiento económico, dándoles plazo para irse por las buenas.
Si no, declarar guerra con ayuno y oración hasta expulsarlos, recordando que a nivel espiritual Dios provee victoria asegurada contra gigantes, fortalezas y males en familia, salud y finanzas.
Proclama que familias y descendencia serán salvas y benditas, viendo la gloria del Señor.