Israel lanzó ataques devastadores en Beirut que derribaron edificios residenciales de más de 10 pisos, dejando 12 fallecidos, y en un puesto de control de la Guardia Revolucionaria en Teherán, eliminando a Alí Larizani, exnegociador nuclear.
Estados Unidos e Israel también bombardearon el yacimiento de gas más grande de Irán, golpeando la economía energética; el ejército iraní lo calificó como crimen de guerra y prometió respuesta.
Se menciona la muerte de Ismael Tatib, ministro de inteligencia iraní responsable de vigilancia y represión.