En Teherán se realizó un funeral masivo por altos funcionarios iraníes asesinados en ataques israelíes, como el jefe de seguridad Ali Larijani, cercano al ayatolá Ali Khamenei, y el comandante del Basij Gholam Reza Soleimani. Multitudes llenaron plazas con banderas a media asta y pancartas.
Los ataúdes se trasladaron en camiones cubiertos con fotos de los fallecidos. El evento mostró unidad interna y resistencia, rechazando propuestas para bajar la tensión, en medio de escalada regional.
Irán rechazó mediaciones de países intermediarios y exhibió músculo político.