Cristina Kirchner evitó defenderse jurídicamente en su indagatoria por el caso Cuadernos, negando solo 204 cohechos y su rol como jefa de asociación ilícita mediante un descargo político, alegando pruebas inventadas y persecución judicial.
Cuestionó la ubicación del dinero de coimas pese a su patrimonio modesto y el de sus hijos, ignorando excavaciones infructuosas. El panel rebatió destacando 27 propiedades familiares, hoteles, dólares en cajas y lavado vía financista Ernesto Clarens. Mencionaron entregas en Quinta de Olivos, Recoleta y por José López, sin mención de la ex presidenta.
Acusó al Poder Judicial de mafioso, a Carlos Stornelli y Claudio Bonadio de corruptos, y dijo que podría morir presa por causas como Vialidad, lavado, dádivas, Notesur, Los Sauces y pacto con Irán. El panel ironizó que se moriría presa por corrupción, con penas superiores a 10 años por asociación ilícita y cohechos.
Roberto Barata, mano derecha de Julio De Vido y chofer de Oscar Centeno, declaró acusando a Alberto Fernández (entonces no candidato) de pedirle no hablar de empresarios y a José "Quino" Navarro de amenazar a su familia por involucrar a Avalos Medina y servicios de inteligencia. Amenazó revelar mails y conversaciones, rechazando custodia pero temiendo accidentes.
El panel calificó la declaración como extorsión pública y reiteró críticas a Kirchner por vivir en realidad paralela donde corrupción es normal, robando vía obra pública en casos como Skanska, Odebrecht, Higa, Sueños Compartidos.