Productores de Río Grande, en Tierra del Fuego, cultivan hongos comestibles como las hírgolas utilizando viruta de aserraderos como sustrato, transformando un subproducto problemático en alimento nutritivo.
La productora Bárbara Lacobara y el asesor Mariano Davini explican el proceso: cocinan la viruta, agregan inóculo y en 40 días obtienen el producto final en bolsas, superando desafíos climáticos con ambientes controlados a 20 grados pese al otoño frío.
La producción ya exporta a cruceros en Ushuaia y abastece demanda local creciente, aunque limitada por espacio; recomiendan no recolectar hongos silvestres por riesgo de intoxicación y capacitan vía INTA para expandir la iniciativa todo el año.
Instituciones como CIEFAP e INTA investigan una cepa patagónica adaptada, destacando beneficios nutricionales como fuente de vitamina D en inviernos con pocas horas de luz.