La tercera condición es orar con fe sin dudar, ya que la fe mueve la mano de Dios, asombrando incluso a Jesús en casos como el centurión romano o la mujer con flujo de sangre. Ejemplos bíblicos incluyen a Isaac rogando por hijos pese a la promesa divina, Lot preservado por intercesión de Abraham, Pedro liberado por oraciones de la iglesia y Job intercediendo por sus amigos.
La cuarta clave es la perseverancia y paciencia en la oración, citando Efesios 6:18 y Hebreos 10:36, con parábolas de Jesús como la viuda persistente. El pastor advierte contra aflojar ante demoras, explicando que Dios escucha en nuestro tiempo pero responde en el suyo para prepararnos, como Moisés esperando 40 años o los apóstoles hasta Pentecostés.
Enfatiza que grandes bendiciones requieren mayor preparación en comunión con Dios, animando a orar incesantemente por familia, salvación y reino de Dios. Comparte promesas para esperar pacientemente como Oseas 12:6, Salmo 37:34, Salmo 25 y Lamentaciones 3:22, asegurando que Dios es bondadoso y abrirá los cielos para los perseverantes.
El pastor cierra exhortando a no desanimarse, pues la paciencia desarrolla carácter para administrar bendiciones, recordando la paciencia infinita de Jesús y Dios con la humanidad.