Cristina Fernández de Kirchner dedicó gran parte de su alegato de más de 60 minutos en el juicio por caso Cuadernos a desviar el foco hacia la causa de Marcelo D'Alessio y chats con Carlos Stornelli y Galeotti, acusándolos de extorsiones para fabricar pruebas. Panelistas calificaron el relato como desopilante, con referencias a medialunas, Shakespeare ("algo huele mal en Dinamarca") y proteínas, criticando que no defiende cargos sino que habla para su "secta".
Entrevistaron a Roberto Herrera, abogado de Víctor Manzanares (contador de los Kirchner), quien negó presiones de Stornelli sobre arrepentidos, afirmando que todos tenían letrados y que Manzanares ofreció colaborar voluntariamente con detalles precisos sobre flujos de dinero a la casa de Néstor Kirchner. Destacaron que la causa tiene múltiples pruebas: cuadernos de Oscar Centeno, 31 arrepentidos, antecedentes administrativos y 330 medidas de prueba.
Roberto Barata, mano derecha de Julio De Vido, declaró más de cuatro horas acusando extorsiones en Marcos Paz: Alberto Fernández le pidió no mencionar empresarios, y Chino Navarro lo amenazó por hablar de Ángel Medina y pendrives, advirtiendo sobre su familia y servicios de inteligencia. Reservó nombres para más adelante, mostró mails de empresarios y pidió no "accidentes casuales" a su familia.
Panel repasó lo no explicado por Cristina: daño al Estado de 685 mil millones de pesos (no a empresarios), 204 coimas probadas por arrepentidos como José López y Claudio Berti, órdenes de recaudación tras mostrar cuadernos de Néstor, prioridades a Lázaro Báez, y lavado de 70 millones de dólares por Daniel Muñoz en Uruguay, Juncal y Santa Cruz. Calificaron su defensa como panfleto político victimista ante "mafia judicial".