Daniel, el amigo herido que sobrevivió de milagro al ataque de un policía que mató a Juan Cruz Leal en Ituzaingó, relató el horror del momento en que el efectivo derrapó con su moto, se puso de costado y disparó cuatro a seis tiros en segundos sin dar tiempo a reaccionar. Cecilia, madre de la víctima, exige justicia no solo contra el tirador sino contra toda la cadena policial negligente por fallos en controles psicológicos. Daniel confirmó que el policía nunca se identificó como tal y mintió sobre un intento de robo, contradiciendo su versión oficial.
Daniel describió su estado físico con dolor en el pulmón por el balazo que rozó por un centímetro la muerte, y psicológicamente devastado, incapaz de ver los videos del hecho ni dimensionar que sigue vivo. Afirmó que pensó 'ya está, se terminó' al tocarse la sangre en el piso, y que la verdadera justicia sería evitar que vuelva a pasar algo así. Elogió a Juan Cruz como un pibe fenomenal, estudioso, trabajador y querido por todos desde los seis años, con una familia excepcional.
El testigo hizo su declaración jurada, clave para que el policía no escape impune plantando evidencia como en otros casos. Fuentes policiales indicaron que el efectivo estaba en actividad, sin carpeta médica previa aparente pero con un antecedente donde salió victorioso contra supuestos delincuentes. El panel lo calificó de asesino con protocolo incumplido, sin voz de alto ni verificación, actuando por locura en la sangre.
Durante el velorio con cajón abierto, el padre de Juan Cruz, recién llegado de Brasil, evitó ver el cuerpo para guardar la última imagen viva de su hijo. Amigos como Aaron, compañero desde primer grado, comenzaron a testimoniar sobre la personalidad entrañable de la víctima, mientras la familia y allegados reclaman justicia en un clima de dolor colectivo.