La segunda generación del Nissan Kicks, SUV compacto del segmento B fabricado en Brasil, llegó a Argentina con un diseño moderno, motor 1.0 turbo de 120 caballos, llantas de 19 pulgadas y caja automática eficiente con modos de conducción económico, estándar y sport.
En pruebas, aceleró de 0 a 100 km/h en 12,4 segundos, más lento que rivales por su peso, con consumos adecuados en ruta pero altos en ciudad. Ofrece buena frenada en 40,8 metros y comportamiento dinámico ágil en curvas, aunque el control de estabilidad BSC actúa bruscamente en slalom y esquives a altas velocidades. En ciudad y tierra, la suspensión blanda choca con neumáticos de perfil bajo, generando vibraciones y ruidos.
El interior jerarquizó materiales con cuero ecológico, doble pantalla horizontal con gráficos impecables, Apple CarPlay inalámbrico, USB-C delanteros y traseros, cargador inductivo y sistema de audio Bose con 10 altavoces. La posición de manejo es cómoda pero alta, la caja de cambios con botones intuitivos cuestionados, y el baúl ofrece 470 litros con doble piso, aunque auxilio temporal.
Destaca en seguridad con cinco estrellas en Latin NCAP, múltiples airbags, Pro Pilot para centrado en carril y asistencias avanzadas como crucero adaptativo, alerta de colisión y cámaras 360 en toda la gama, ganando el cono de oro a la seguridad.
Sin embargo, los precios de lista son elevadísimos, con la versión Exclusive superando rivales como Volkswagen T-Cross o Toyota Corolla Cross, posicionándose por encima del segmento pese a su salto cualitativo, aunque la relación costo-beneficio no convence frente a SUVs híbridos más grandes.