La guerra con Irán transforma noches israelíes en vigilia constante por sirenas y misiles que dejan cráteres en casas del centro del país. Una familia como la de Sigal y Dani sobrevive en su cuarto de seguridad tras impacto directo, quebrando la rutina normal por ataques incesantes.
En Tel Aviv, el cielo se ilumina con intercepciones de misiles mientras sirenas provocan evacuaciones masivas en centros comerciales y edificios públicos. Dentro de refugios, la vida se adapta con hombres tocando guitarra, familias jugando ping-pong o descansando en carpas.
En medio del conflicto emerge un fenómeno de resistencia cultural conocido como Bunker Parties, donde jóvenes se reúnen en búnkeres subterráneos para bailar pese a las sirenas y misiles. Tras cancelaciones de eventos públicos, cientos asisten a estas fiestas clandestinas en platines y enceintes seguros.
Los asistentes destacan que estas reuniones diarias, de 200 a más de 1000 personas, permiten hacer fiesta en seguridad total, tapando el sonido de sirenas con música mientras los misiles pasan por encima. Para ellos, el búnker es una pausa ante miles de muertos en la región.