Cinco años después de las protestas masivas en San Antonio de los Baños, Cuba revive cacerolazos por una asfixia energética sin precedentes agravada por bloqueo petrolero total y caída de aliados. La memoria del 11 de julio de 2021 permanece intacta con trauma de represión que encarceló a más de 5.000 personas, mientras la falta de petróleo y liquidez impide abastecer la canasta básica en barrios reprimidos donde el temor frena nuevas manifestaciones.
La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro a inicios de 2026 eliminó al principal proveedor energético, acorralando al régimen. Donald Trump habla de negociaciones para una toma de control amistosa, con focos en Raúl Guillermo Rodríguez Castro, jefe de seguridad de Raúl Castro, como figura clave para un acuerdo que proteja a la élite castrista a cambio de apertura política antes de colapso total por falta de combustible.
En barrios populares, comerciantes y vecinos claman por diálogo bilateral donde Estados Unidos afloje presión y el gobierno cubano ceda, rechazando invasión por lazos familiares. Las noches habaneras resuenan con cacerolazos de baja intensidad que cesan al volver la luz, en un equilibrio precario entre negociaciones en sombra, control interno y punto sin retorno para un pueblo agotado.