En el barrio Madrid de Tucumán, las inundaciones del río Dulce dejan casas irrecuperables, partidas al medio con hasta dos metros de agua acumulada y estructuras en riesgo total que deben demolerse por completo. El periodista Marco Bustamante transmite en vivo mostrando electrodomésticos al sol, muebles tirados en las calles con olor fétido, colchones empapados y paredes derribadas. Los vecinos limpian escombros con lavandina, agradecen donaciones espontáneas de toda la gente y destacan la solidaridad tucumana, aunque la desesperación es palpable con familias que pierden todo por segunda o tercera vez.
Las autoridades fumigan las casas para prevenir mosquitos en medio del agua estancada cerca de la plaza principal, pero los peligros persisten: cables expuestos por muros barridos por la fuerza del agua, árboles arrastrados y calles convertidas en ríos que se llevaron todo a su paso. Una casa de esquina impresionó por su muro destruido, explicando la falta de luz, mientras camiones retiran no mugre sino "historias de vida", como fiestas de 15 planeadas o autos comprados con esfuerzo de toda una vida, ahora arruinados.
Testimonios desgarradores revelan el drama: una vecina estrenó su casita este año pero el agua llegó hasta la ventana pese a los escalones extras; otra salvó la heladera elevándola pero perdió sillas y roperos; jubilados de la mínima no tienen plata para reconstruir y arrancar de cero, sin cama ni televisor. Vecinos temen hurto calamitoso y no evacuaron por miedo a robos durante la calamidad.
El periodista critica "desinteligencias" como la ruta elevada dos metros sobre el pueblo, similar a Bahía Blanca, que agravó la inundación pese a cortes para drenar el agua. El abogado Francisco alerta sobre posibles juicios por delito de estrago culposo contra funcionarios negligentes, daños y perjuicios, aunque demoran años y no resuelven la urgencia de comer y volver a casa hoy.