El tranvía número 105, interno 75, que conectaba Temperley con Constitución, se precipitó al Riachuelo el 12 de julio de 1930 desde el puente Bosch de Avellaneda, causando la muerte de 56 personas, entre ellas cinco mujeres y un niño trabajador. El accidente ocurrió a las 6:20 de la mañana por niebla densa, cuando el puente estaba levantado para una lancha de carga y el conductor no pudo frenar a tiempo debido a frenos desgastados y acelerador trabado.
Los pasajeros eran mayormente obreros e inmigrantes que viajaban a trabajar en el centro porteño. Sobrevivientes fueron rescatados por policías y buzos, pero nadie fue responsabilizado judicialmente pese a las pericias que señalaron fallas mecánicas y posibles errores en la operación del puente. La tragedia resaltó la importancia de la red de tranvías, que unía barrios con 900 kilómetros de vías en su época dorada.
Más de 90 años después, persisten leyendas de fantasmas en el puente Bosch: luces, sombras, voces y gritos desesperados, especialmente en días de niebla o llovizna. Vecinos y transeúntes sienten presencias extrañas, erizamientos en la piel y pedidos de ayuda, atribuidos a las almas de las víctimas que buscan justicia o no aceptaron su muerte.
Expertos paranormales explican que las almas quedan atadas por asuntos pendientes, como la falta de cierre familiar o judicial, o confusión post-mortem que las hace aferrarse al lugar. Hoy, el sitio evoca tristeza y misterio, conectando el pasado industrial con relatos fantasmagóricos vigentes en Avellaneda.