Las pequeñas y medianas empresas de transporte en Alemania no podrán absorber los aumentos en el precio del diésel sin trasladarlos a clientes, lo que podría llevar a cierres o quiebras con impacto en la industria y consumidores.
La empresa Zincla, dedicada a productos médicos y alimentos refrigerados, enfrenta un gasto adicional de 12.000 euros por el alza de 40 céntimos en el diésel, que representa el 25% de sus costos, y negocia diariamente con clientes para repercutirlos.
El transportista Michael Zünkla critica la situación como una estafa y busca repostar en Polonia, mientras gasolineras independientes ajustan precios diariamente por subidas en compras. Asociaciones exigen investigar políticas de petroleras como Shell, reducir impuestos y más ayuda a pymes.
El Ministerio de Economía alemán evaluará mayor supervisión de la Oficina Federal de Carteles al sector combustibles, y Zünkla pide límite de precios como en Hungría o Croacia.