Los bombardeos israelíes en suburbios de Beirut como Dahieh, bastión de Hezbollah, provocan una crisis humanitaria con más de medio millón de desplazados. Residentes resisten las órdenes de evacuación por apego a sus hogares o falta de recursos, mientras familias regresan por provisiones en medio de calles devastadas y olor a pólvora.
En Líbano, las autoridades habilitan refugios de emergencia como el Estadio Kamil Shamun, saturados rápidamente, donde familias duermen en colchones tras pasar noches en coches o a la intemperie. Testimonios revelan desesperación: "Somos gente que quiere vivir, pero estamos en la calle con nuestros hijos", y temor por el futuro sin escuela ni trabajo.
En contraste, en la frontera israelí, familias como la de Ron regresan a kibutz pese a sirenas de misiles de Hezbollah, usando refugios subterráneos cercanos. Solo 200.000 israelíes fueron evacuados preventivamente tras octubre 2023, y ahora muchos se niegan a irse, confiando en sistemas de alerta.
En Haifa, vecinos convierten parkings de centros comerciales en campamentos subterráneos por falta de refugios adecuados, especialmente en barrios árabes como Wadi Nismas con un solo refugio para 9.000 personas. Sobrevivientes de ataques se alojan en hoteles, estresados por la incertidumbre de un conflicto prolongado.
La red de refugios israelí muestra deficiencias, anticuada y insuficiente para un tercio de la población, agravando el temor ante escalada con Hezbollah.