Tami, madre israelí soltera, firmó autorización para que sus dos hijos sean combatientes en el ejército ante el servicio militar obligatorio, eligiendo roles en el frente pese a su angustia inicial.
Los hijos rotan por siete frentes abiertos hace dos años y medio, con su hijo como comandante y la hija también combatiente; ella confía en el ejército "moral e inmoral" que los cuida, permitiéndole dormir pese a la guerra tras el 7 de octubre.
El hijo le pidió no enviarle mensajes al entrar en Gaza, y mantienen contacto mínimo por teléfono cada tres semanas debido a la censura militar elevada, ya que países declaran soldados israelíes "genocidas" y hubo incidentes como en Brasil.
La hija eligió ser combatiente tras el secuestro de monitoras el 7 de octubre para honrarlas, y regresan sorpresivamente a casa; Tami no revela nombres ni apellido por seguridad, y los ve felices al volver de misiones.