Pedro Alberto Hernández, jubilado de La Madrid en Tucumán, perdió absolutamente todo en las graves inundaciones que superaron en tres veces el nivel del 2017, con dos metros de agua que destruyeron su casa, muebles, electrodomésticos, auto y hasta la pared trasera por la fuerza del agua y las lanchas. Los objetos sentimentales de su madre no resistieron y ahora sobrevive con una jubilación mínima de 400 mil pesos mensuales tras 32 años como auxiliar de trenes en el Ferrocarril General Belgrano con escala 218.
Sin luz desde hace cinco días porque los medidores quedaron bajo el barro, Pedro no recibe ayuda oficial del municipio, comuna ni gobierno provincial, solo colaboración de amigos y gente de otras comunas con escobas y trapos. La hija lo lleva a vivir con ella a Concepción porque no puede reconstruir nada solo, y critica la desorganización: en la plaza hay pilas de ropa revueltas pero nada sustancial llega.
Los vecinos denuncian que la catástrofe era previsible por la explosión del farallón negro en Catamarca que eliminó la defensa natural de los ríos, y los gobiernos de turno hicieron la vista gorda pese a advertencias de expertos. El dique de Escaba en Tucumán, que recibe agua de Catamarca, abrió compuertas y hay temor a una nueva crecida inminente, con gente evacuada en Aguilares y alerta de Defensa Civil.
En las calles centrales asfaltadas, todo está bajo barro pese a ser lo mejor del pueblo, y miles de familias tienen sus pertenencias en la vereda como basura. Pedro no quiere ser carga para su hija pero no tiene opción, y la situación se agrava con vientos fuertes y pronóstico de más lluvia en la región.
La inundación se agravó por desbordes de los ríos San Francisco, San Ignacio, Marapa, Zinguí y Gastona, tras más del doble de lluvia mensual en horas.