El documental denuncia cómo la industria azucarera, nacida en la esclavitud colonial desde el siglo XV, continúa explotando trabajadores haitianos en condiciones esclavistas en la República Dominicana actual.
Cristóbal Colón introdujo la caña en La Española en 1493, expandiendo el modelo portugués de Madeira y Santo Tomé; en Brasil, siglo XVI, destruyeron selvas, esclavizaron indígenas y luego importaron 12 millones de africanos hasta mediados del XIX, alimentando el comercio triangular Europa-África-América que globalizó la explotación.
Francia e Inglaterra dominaron el Caribe con plantaciones en Saint-Domingue (Haití), Guadalupe y Martinica, convirtiéndolo en el mayor productor mundial; el modelo de plantación -campos, molinos, hornos, alojamientos esclavos y mansiones- se naturalizó como norma capitalista extractivista.
Hoy, en El Seibo, República Dominicana, la empresa Central Romana controla el 70% de la tierra; miles de haitianos cortan caña a mano en bateyes precarios, denunciando agotamiento, explotación, goteras y trabajo peor que esclavitud, pagando con mutilaciones el "precio del azúcar" para Europa.
El azúcar impulsó racismo persistente, legitimando violencia con estereotipos de negros "perezosos" para forzar más trabajo, desde colonialismo hasta discriminación actual en Guadalupe.