El pastor destaca que Epáfras, un líder de oración poco conocido, fue elogiado por Pablo por luchar intensamente en oración por su iglesia, aunque no hay iglesias dedicadas a él porque no se comprende su ejemplo. Insiste en que la iglesia primitiva triunfó por dedicarse perseverantemente a la oración, con líderes comprometidos como Isaías, quien no dejó de orar por Jerusalén.
Pablo resalta que Epáfras agonizaba en oración, no solo oraba, sino que peleaba por su gente. Bendice a las iglesias con pastores devotos, padres que guerrean por sus familias y líderes adheridos a la intercesión intensa para preservar lo que Dios les dio.
El pastor urge comprender la oración específica, agradecida, imprudente, intensa y perseverante, ya que las tácticas de la batalla cristiana nacen de la estrategia de rodillas. Afirma que la iglesia, familia y ministerio triunfarán sobre el mal encontrando poder en la oración.
Retoma ejemplos previos como Josafat venciendo un millón de soldados con oración y gratitud, Josué deteniendo el sol, y llama a oraciones osadas para gloria de Dios, dejando atrás plegarias pequeñas.