Estados Unidos enfrenta crecientes críticas internas por el manejo de la guerra contra Irán, con contradicciones en las declaraciones del presidente Donald Trump y su gabinete. Trump minimizó la destrucción en la isla de Kark diciendo que bombardearían más "solo por diversión", lo que generó rechazo en Nueva York, bastión demócrata, y preocupación por el error de inteligencia que bombardeó una escuela primaria en el sur de Irán, matando a 175 niños sin disculpas ni compensaciones.
La corresponsal Nieves Huberbühler desde Nueva York reportó vergüenza y enojo en las calles por la liviandad de Trump, quien duda si el líder supremo iraní está vivo, y por la escalada humanitaria con miles de desplazados. La idea inicial de una guerra corta se disipa ante anuncios de envío de entre 2500 y 5000 tropas desde Japón a Medio Oriente, contradiciendo al secretario de Defensa Pil Hexer, sumándose a 50.000 ya en la región. Marco Rubio justificó la intervención por un supuesto ataque inminente de Israel.
Nelson, desde un refugio en Tel Aviv tras sirenas por misiles iraníes y detonaciones, comparó el frente interno de Trump con la derrota de Vietnam por oposición en el Congreso, citando a Henry Kissinger. Destacó el control iraní del Estrecho de Hormuz y ataques a países del Golfo, sorprendiendo a Washington. En contraste, la intervención en Venezuela fue rápida con la captura de Nicolás Maduro, pero Irán carece de oposición viable como Reza Pahlavi en exilio y protestas reprimidas por la Guardia Revolucionaria.
Expertos debaten la ausencia de un líder alternativo en Irán para un cambio de régimen, la imposibilidad de negociación nuclear bajo el actual gobierno y riesgos de ocupación terrestre como en Irak. Mientras, China podría recurrir a Rusia y Vladimir Putin para petróleo ante bloqueos en Hormuz, beneficiándose previamente de precios bajos post-Ucrania. En Argentina, el aumento de nafta del 9% no responde al conflicto.
Las sirenas en Tel Aviv persisten por misiles que impactan pese a la Cúpula de Hierro, con apoyo británico de Keir Starmer enviando material antimisil a Yemen contra hutíes.