Las familias afectadas por la inundación en la ruta 157 perdieron todo, con agua que alcanzó cuatro metros de altura y denuncian total abandono estatal. Ivana y Manuel, padres de niños de 10 y 18 años, abandonaron su hogar sin alertas previas y ahora usan agua barrosa para limpiar, enfrentando un olor impregnante y crisis sanitaria inminente.
La única ayuda llegó de Paolo Luján, delegado vecino, con comida básica. No hay respuestas oficiales, ni bombas funcionales ni voluntarios; los vecinos temen robos y duermen en techos o junto a la ruta. Ivana contó cómo su hijo de 10 años la consoló diciendo que están vivos y reconstruirán.
Ale Puebla reportó desde el lugar la necesidad urgente de lavandina, agua potable, detergente y colchones, ante más de 500 perros muertos, gallinas y chanchos que contaminan el agua. Sin asistencia en barrios, solo en accesos, el equipo se queda hasta que llegue ayuda y visibilice la voz de los damnificados.