Un vecino confundió a un policía con un ladrón y le disparó fatalmente durante un alerta de robo en Villa Belgrano, norte de Córdoba.
El suboficial principal Luis Alejandro Alazada, de 56 años, respondía a un llamado al 911 por posible robo en un domicilio. Ingresó a la casa donde Paolo Zambelli y su pareja Lorena Bonardo habían sido maniatados previamente por delincuentes reales, que incluso amenazaron con violarla.
Zambelli, experto en tiro con armas matriculadas, se liberó, tomó su arma y disparó creyendo que Alazada era un intruso, hiriéndolo en la clavícula por encima del chaleco antibalas. El policía murió en el lugar pese al traslado a un sanatorio cercano; le faltaban dos años para jubilarse, era profesor en la Escuela de Policía y dejaba dos hijas.
La vivienda estaba en litigio por una estafa: un apoderado despedido de una empresa la compró fraudulentamente y la prestó a la pareja de Paula Zambelli y Bonardo. Zambelli recuperó la libertad por legítima defensa, aunque la Justicia investiga; el robo previo sí ocurrió.
El hecho genera conmoción: la familia del policía pide justicia, era querido en el barrio y entre compañeros, mientras el caso es dramático y confuso.