Donald Trump construye una narrativa de victoria total sobre Irán para preparar el terreno de una posible declaración de misión cumplida, según analistas, en medio de las próximas elecciones legislativas midterm en noviembre que podrían complicar su coalición electoral opuesta a guerras eternas.
Los expertos dudan de una intervención directa de Rusia o China para salvar al régimen iraní, pese a lazos como la venta de drones iraníes a Moscú para Ucrania y el suministro de petróleo barato a Pekín, ya que ambos priorizan evitar confrontaciones con Estados Unidos y enfocarse en otros frentes como el Indo-Pacífico.
Se cuestiona la veracidad de la información en la guerra por la niebla de guerra, con discrepancias entre versiones de Irán y Estados Unidos sobre aviones derribados, y rumores no confirmados sobre el líder supremo Ali Khamenei, como que está herido, en coma o perdió una pierna, impulsados por declaraciones de Trump y su secretario de Defensa.
La narrativa mediática forma parte del teatro de operaciones, donde cada bando impulsa su versión, y el conflicto se enmarca en la guerra fría 2.0 entre Estados Unidos y China, al privar a Pekín de energía clave para su avance tecnológico e inteligencia artificial.