Estados Unidos enfrenta costos millonarios por drones iraníes baratos en el conflicto contra la isla de Jark, donde Donald Trump bombardeó objetivos militares pero amenazó con destruir la infraestructura petrolera si Irán interfiere en el Estrecho de Hormuz. Trump presume de su poderío armamentístico y asegura que Irán no tendrá armas nucleares, aunque analistas destacan la disparidad económica: cada drone cuesta 20.000 a 30.000 dólares mientras un misil Patriot supera los 4 millones.
Irán resiste heroicamente pese a aliados debilitados como los hutíes y Hezbolá, bombardeados por Estados Unidos e Israel. El régimen teocrático, amenazado históricamente por Israel, ha visto caer a líderes como Madin Yad. Expertos advierten que la guerra híbrida incluye aspectos económicos, con EEUU agotando reservas de misiles como en Ucrania, y experimentos con rayos láser israelíes aún limitados que no contrarrestan enjambres de drones.
EEUU muestra signos de decadencia imperial ante el ascenso de China, con déficits comerciales crónicos, deuda al 140% del PBI y recortes en salud mientras sube el gasto militar. Analistas critican a Trump por minimizar el poder iraní y ven la guerra como intento desesperado de mantener hegemonía, beneficiando a China y Rusia en un mundo multipolar. Bernie Sanders cuestiona por qué EEUU sigue la agenda de Netanyahu.
Se menciona preocupación por desvíos como contra Cuba, donde Díaz-Canel negocia bilateralmente, y al cierre, EEUU inicia investigación para nuevas sanciones comerciales contra Argentina, pese a acuerdos previos lesivos firmados por Javier Milei.