El pastor Cinalli enfatiza la presencia constante del Señor durante todo el día, incluso viajando en el vehículo, y especialmente en el crepúsculo de la tarde, donde se viven momentos agradables.
Recomienda las caminatas de oración al estilo de Isaac, Adán y Eva, que generan un deleite y momentos dulces con Dios, pero insiste en que hay que presupuestar ese tiempo porque de lo contrario fluye hacia las debilidades personales.
Afirma que no hay nada más importante que encontrarse con Dios y desarrollar una relación creciente de amor con el Señor, ya que eso salva la vida, el matrimonio y la familia.
Desmiente la idea de que el tiempo con Dios es perdido, lo califica como una inversión esencial, sobre todo para líderes, pastores o responsables de hogares y casas de oración.
Concluye exhortando a presupuestar ese tiempo especial con el Señor, antes de introducir el proceso de quebrantamiento.