Laura relató su caída en adicciones desde la adolescencia, comenzando con alcohol, cigarrillos, marihuana y pastillas en malas compañías, lo que la llevó a perderse completamente en una vida de excesos.
En relaciones tóxicas, sufrió violencia psicológica y física, quedó embarazada y sola con su hijo tras un accidente de su pareja, luego fue engañada por otra persona, cayendo en depresión profunda, ira violenta, ataques de pánico, pesadillas y voces que la acosaban.
Recurrió a prácticas espiritistas que empeoraron su situación, llegando al punto más bajo con pensamientos suicidas, planeando incluso matar a su hijo para evitar que sufriera como ella, sintiendo un vacío inmenso y odio sin salida.
Invitada por su madre, llegó un viernes a la Iglesia Universal, donde al participar de las reuniones comenzó a dormir bien, eliminando nerviosismo, ataques de pánico y depresión progresivamente.