Florencia Cavallini, argentina embarazada de siete meses en Dubái, clama por ayuda para regresar con su marido sirio ante la escalada de la guerra en Medio Oriente. La residente, casada con un ciudadano sirio, enfrenta la suspensión de turnos para visas que les impide volver juntos a Argentina, pese a tener toda la documentación lista y un vuelo de 17-19 horas por delante.
Irán mantiene la amenaza de cerrar el Estrecho de Hormuz, elevando el petróleo por encima de los 100 dólares el barril, con más de 2.000 víctimas en 14 días de ataques con drones y explosiones en Teherán, Beirut, Tel Aviv y el Golfo Pérsico. El nuevo líder supremo iraní, herido según Estados Unidos, exige cerrar bases estadounidenses y promete venganza.
En Dubái, la tensión crece con alertas constantes por misiles, cierres de comercios y turismo paralizado, similar a la pandemia de COVID. Un millón de personas han huido de los 4 millones de habitantes, mayoritariamente extranjeros de 200 nacionalidades, dejando calles vacías y despidos masivos. Florencia describe el terror de alarmas nocturnas y la inseguridad constante.
Más de 20 familias argentinas denuncian abandono del gobierno y la embajada argentina, que alega alertas previas emitidas. No hay vuelos de repatriación ni excepciones para casos como el embarazo de Florencia, pese a grupos de WhatsApp donde se ayudan mutuamente.
Las autoridades de Dubái emiten alertas por celular para no salir y alejarse de ventanas, mientras el impacto económico azota el sector hospitality donde trabaja Florencia.