102 socios de Boca Juniors presentaron pruebas contra Juan Román Riquelme por reventa ilegal de entradas, incluyendo videos, chats y audios grabados por ellos mismos. Walter Klick, funcionario del Ministerio de Seguridad y denunciante, reveló manipulación de molinetes, venta clandestina de protocolos y fraude en el padrón de socios. Los hinchas indignados filmaron las maniobras y están dispuestos a declarar como testigos en la causa judicial por asociación ilícita.
Destacaron un subregistro en el partido contra Alianza Lima de la Copa Libertadores, donde Boca vendió 28.000 boletos pero recaudó solo más de 1.200 millones de pesos pese a un estadio colmado. El circuito involucra empresas de turismo que revenden entradas a extranjeros por más de 100 dólares cada una, dejando a socios y abonados sin acceso. Los panelistas explicaron que los hinchas llegan a sus lugares ocupados por revendedores con entradas de protocolo y deben dirimir conflictos cuerpo a cuerpo sin ayuda de seguridad.
Riquelme respondió victimizándose en un video, afirmando que lo persiguen con maldades desde hace 25 años y que si tuviera algo grave ya estaría preso con cadena perpetua. Insistió en su amor por el club y pidió que no mientan al hincha. Además, denunciaron pérdida de 40.000 socios, de 320.000 a 280.000 tras depuración con RENAPER, principalmente adherentes que no acceden a la cancha.
Criticaron remodelaciones en el estadio que eliminan pasillos y agregan butacas, atentando contra la seguridad y obligando a pasar por encima de más gente. Fabio Cugini, exdirigente, había acusado previamente a Riquelme de convertir Boca en una dictadura familiar con su hermano Cristian involucrado. El debate explotó en redes sociales y programas deportivos, con Riquelme imputado aunque presume inocencia.
Los conductores destacaron la estrategia discursiva de Riquelme como dirigente, vinculándose al hincha como "su casa", que lo llevó a ganar elecciones contra Andrés Ibarra, respaldado por Mauricio Macri, con Javier Milei votando en su debut presidencial. El microclima en el estadio favorece a privilegiados, no representando al hincha común.