El tráfico de petróleo por el Estrecho de Hormuz se redujo drásticamente al 10% del volumen habitual debido a ataques de la Guardia Revolucionaria Iraní contra petroleros, incluyendo uno denominado estadounidense donde murieron una persona y se rescataron 38, desestabilizando los mercados energéticos globales que dependen del 20% del petróleo y gas mundial que pasa por allí.
Los hutíes de Yemen amenazaron sumarse a los ataques no solo en Hormuz sino también en el Canal de Suez, lo que agravaría el impacto económico. En Líbano, tras bombardeos israelíes en suburbios del sur de Beirut contra Hezbollah, se observa una calma temporal aunque Israel prometió continuar operaciones para desmantelar la estructura militar del grupo, mientras 600.000 personas huyen del sur hacia Siria, Turquía y Europa.
El analista Nahuel Campanario describió la situación como una crisis energética histórica comparable a 1974, con 10 millones de barriles diarios perdidos. Países como Japón y China, altamente dependientes, enfrentan riesgos mayores; la Agencia Internacional de la Energía liberó 400 millones de barriles de reservas, suficientes solo para 40 días si el conflicto se prolonga.
Esta escalada incluye llamados previos de Antonio Guterres al diálogo EE.UU.-Irán ante millones de desplazados y ataques coalición estadounidense-israelí con represalias iraníes en el Golfo Pérsico.