Dios organiza una operación de rescate inmediata cuando clamamos en el bajón espiritual, como hizo con el rey David ante enemigos y torrentes de maldad. El pastor explica que Dios envía ayuda desde las alturas, libra de aguas profundas, hace poderoso al creyente, endereza su camino y lo coloca firme como ciervo en lugares seguros.
No hay que quedarse en desánimo, amargura o frustración, porque Dios levanta del ánimo bajo o espíritu laxo, donde somos presa fácil del enemigo. La decisión es personal: vivir en alturas espirituales, gozosos y conectados a Dios, pidiendo con fe la sabiduría que Él da abundantemente.
Entra en modo fe declarando confianza en Dios a viva voz, aunque la mente dude, y pasa a modo acción de gracias como estilo de vida. Agradece siempre, incluso en tormentas por respirar o por la fidelidad pasada, porque la gratitud suelta bendiciones completas.
Purifica el corazón con olvido selectivo: desecha fracasos, enojos y amarguras del pasado, pero atesora bendiciones y testimonios de Dios para el año nuevo. Extiéndete en fe hacia lo adelante, como estirando la mano para capturar lo que Dios preparó, expandiendo visión y acciones.
Arma listas de gratitud por milagros pasados (tachados con fechas) y futuros en confianza, haciendo la oración poderosa que llena de lágrimas de admiración por la fidelidad divina.