Un comediante en Hora de Reír confiesa que ser padre cambió radicalmente su vida, pasando de libertad absoluta a momentos fugaces de felicidad entre caos y peleas infantiles.
Critica al sapo Pepe del video infantil como pésima influencia que salta sin parar y parece tomar, viendo 28 veces al día el clip con sus hijos. Describe la paternidad como minutos de dicha interrumpidos por trompadas y sueño.
Cuenta la guerra de los ronquidos con su mujer los domingos a las 8 para no atender a Pedro y Juana, fingiendo sueño pese a saberse despiertos. Ahora ama personajes infantiles como Topa, Sheriff Calí y Doctora Juguetes, antes detestados.
Admite discusiones inevitables de pareja por organización familiar, donde termina gritando sin saber cómo entró en la pelea, buscando palabras para escapar la habitación sin manija.