Jesús sanó a Bartimeo, a la mujer con flujo de sangre y a los ciegos porque ellos tuvieron fe, no por su necesidad, ya que él responde únicamente a la fe.
El pastor destaca que las oraciones efectivas son las hechas con fe, y para aumentarla hay que pasar más tiempo a solas con Jesús, ya que quien se une al Señor se vuelve uno con él y gana fe.
Contrasta el leve reto a Santiago y Juan, que querían fuego del cielo contra samaritanos por no recibirlos, con el duro regaño a los otros discípulos por incredulidad al no expulsar un demonio.
La fe correcta glorifica a Dios, mientras la incredulidad impide milagros, y el secreto es la intimidad con Jesús.