La inflación de febrero cerró en 2,9% mensual, superando expectativas y el nivel de enero, con la inflación núcleo acelerándose al 3,1% pese a deflación en frutas y baja del dólar, lo que genera una alarma mayor para el gobierno de Javier Milei.
Los servicios privados como prepagas aumentan por inercia (2,9% en marzo por inflación de enero y otra vez en abril), mientras rubros regulados como combustibles subieron 6-8% por la guerra en Irán y carne/pollo más del 10%, aunque textiles y calzado no variaron (0%).
Este dato deja al gobierno en encrucijada: no puede relajar política monetaria, bajar tasas ni encajes para crédito por temor a más inflación, postergando la reactivación y la monetización de la economía que necesita dólares del BCRA circulando.
En marzo se espera igual o peor (hasta 3%) por tarifas, inicio de clases y estacionalidad, pese a carne moderada; salarios pierden vs inflación, sin crédito no hay recuperación en consumo ni construcción (100.000 empleos menos), apostando a dólares del colchón.
El riesgo es que la economía quede empantanada, presionando sustentabilidad política si no despeja dudas sobre deuda (10 mil millones este año, 20 mil el próximo).