El cuerpo absorbe rápidamente el alcohol pero lo evacúa con lentitud, por lo que con solo un par de copas se produce intoxicación conocida como borrachera, afectando el cerebro con síntomas como entusiasmo inicial, falta de coordinación, dificultades para hablar, balanceo y pérdida de inhibiciones.
Si se continúa bebiendo, surgen desinhibición extrema con charlas excesivas, abrazos efusivos, bailes descoordinados, sed, sensación de calor y palabras ininteligibles, mientras el cerebro intoxicado no percibe el daño y expone a riesgos como accidentes automovilísticos.
Los expertos recomiendan no superar dos copas en adultos, evitar beber con estómago vacío y alternar con vasos de agua para minimizar consecuencias físicas graves que pueden impactar a toda la familia.