Cuatro horas después de comer, el cuerpo agota la glucosa inmediata y recurre a reservas para mantener la energía. Las células captan la energía de la ingesta inicial, pero pasadas esas horas, el hígado libera glucosa almacenada para estabilizar los niveles.
Entre cuatro y ocho horas sin ingerir alimentos, el metabolismo pasa a usar reservas, pero después de ocho horas surge descontrol metabólico y conductual. Muchos optan por cenas abundantes o snacks baratos como barras de cereal por economía, lo que agrava el problema.
Expertos recomiendan fraccionar ingestas a lo largo del día para evitar periodos largos sin energía y evitan soluciones rápidas como kioscos. Destacan que presupuestos acotados llevan a elecciones poco nutritivas, proponiendo opciones económicas pero equilibradas.