El bloqueo impuesto por la Guardia Revolucionaria iraní en el Estrecho de Hormuz provocó una caída drástica del tránsito marítimo, pasando de 37 petroleros diarios antes del 27 de febrero a solo dos en una semana, dejando buques varados por temor a ataques.
El enviado iraní ante la ONU negó el cierre del estrecho pero defendió el derecho de Irán a preservar la paz y seguridad en la vía fluvial, lo que podría interpretarse como obstrucción a buques no aliados, en contradicción con las amenazas de Mojtaba Khamenei.
En Tel Aviv, un misil iraní impactó un edificio residencial causando graves daños estructurales, grietas, paredes quemadas y ventanas destrozadas, aunque no hubo víctimas mortales y los residentes fueron evacuados; los propietarios esperan evaluaciones para decidir entre reconstrucción o demolición.
La vida cotidiana en la ciudad se interrumpe por sirenas antiaéreas que obligan a refugiarse en estacionamientos subterráneos, con alertas variables pero misiles disminuidos; pese a ser blanco principal de Irán, la gente intenta mantener rutinas normales evitando noticias.