La inteligencia israelí y la CIA detectan que Rusia y China analizan formas de respaldo indirecto al régimen iraní para evitar su colapso, según revelan fuentes en Israel. Ambos países comparten el interés estratégico de sostener a Teherán y lo que queda de los ayatolás, manteniendo distancia de una intervención directa para impedir que Estados Unidos proclame victoria por la caída del régimen.
En Teherán, el gobierno iraní organiza funerales masivos de altos mandos militares abatidos por ataques de Estados Unidos e Israel, presentados como símbolo de unidad nacional en un país hiperfragmentado por la guerra. La ceremonia en la Plaza de la Revolución utiliza niños y obliga a la población a asistir, distribuyendo banderas, mientras avenidas aledañas permanecen desiertas porque muchos huyen de los bombardeos que el régimen no defiende.
Se muestra una marcha pro-Jamenei, hijo del líder supremo abatido el 28 de febrero por Israel, con discursos que amenazan a opositores internos tratándolos como enemigos equivalentes a soldados israelíes o estadounidenses. La televisión oficial difunde propaganda contra Benjamín Netanyahu y Donald Trump, llamándolos "ratas", similar a tácticas usadas por Hamás en Gaza, donde Irán actúa como titiritero de grupos terroristas.
El régimen mantiene un control represivo incalculable con vigilancia total de llamadas y movimientos, evocando dictaduras como la de Nicolás Maduro. Panelistas advierten que estas imágenes obligadas buscan evitar el resquebrajamiento interno ante el desmantelamiento de fortalezas iraníes, preanunciando que la guerra se prolongará con intensidad.