El presidente iraní Masoud Pezeshkian propone un cese al fuego con condiciones como reparaciones y garantías, mostrando una postura más dialoguista que la de Mojtaba Khamenei, quien resulta herido en las piernas tras un ataque que mató a su familia y se considera un líder duro de la Guardia Revolucionaria. Pezeshkian toma la posta en ausencia de Khamenei y responde al llamado de Donald Trump, quien pidió a Benjamin Netanyahu no atacar infraestructuras energéticas iraníes.
Estados Unidos enfrenta presiones internas de republicanos disidentes ante las elecciones de medio término, mientras Trump insiste en agotar las capacidades militares iraníes. En el día 11 de la guerra, el ejército estadounidense destruyó 10 embarcaciones iraníes minadoras en el Estrecho clave, y el general Dan Kane reportó ataques a más de 5.000 objetivos y 50 buques desde el inicio de la Operación Furia Épica.
Irán queda aislado regionalmente sin aliados militares, con un éxodo de 800.000 personas, miles de heridos y civiles afectados. EE.UU. refuerza su base en Qamishli, Siria, trasladando material a Quasrack para operaciones en Oriente Medio. Los objetivos ahora se centran en destruir la capacidad misilística iraní, mostrando humo en vehículos e infraestructuras tras ataques.
La guerra impacta la economía global al amenazar el Golfo Pérsico, con conflictos chiitas-sunitas y persas-musulmanes complicando la posición iraní, que parece cercada por Israel y aliados.