El pastor advierte que somos más vulnerables a la depresión espiritual después de grandes victorias o cuando estamos agotados, momento en que el diablo, el mentiroso, nos ataca con mentiras para destruir nuestra fe. Usa el ejemplo del profeta Elías, quien tras vencer a los sacerdotes de Baal en el monte Carmelo y orar por lluvia, cayó en desaliento profundo y pidió morir.
La bruja Jezabel, furiosa por perder aduladores, amenazó con matarlo en 24 horas, pero no cumplió porque Elías estaba protegido por Dios en el hueco de su mano. Limitada, recurrió a palabras amenazantes, el arma principal del diablo, que confunde y desalienta si las oímos en vulnerabilidad.
Elías oyó la amenaza porque se relajó espiritualmente cerca del palacio, celebrando su victoria en lugar de volver a su escondite secreto protegido por Dios, como en arroyos o Zarefata donde era intocable. Ni el rey Acab ni su ejército lo hallaban, pero al bajar la guardia se expuso.
Dios le recrimina dos veces "¿Qué haces acá, Elías?", señalando que estaba fuera de su refugio, descuidando oración, vigilias y ayunos. Cita el Salmo 31:20, donde Dios esconde en su presencia a salvo de conspiraciones y lenguas acusadoras.
El pastor urge no aflojarse en tiempos de bonanza, mantener disciplinas espirituales y permanecer en la presencia divina para que el león rugiente no devore. El cansancio es enemigo de la unción y los descuidos espirituales son trágicos.