El pastor advierte que somos más vulnerables a la depresión espiritual justo después de grandes victorias espirituales o en momentos de agotamiento, cuando el diablo nos ataca con mentiras para destruir la fe. Usa el caso del profeta Elías, quien tras derrotar a los sacerdotes de Baal en el monte Carmelo y orar por lluvia, cayó en desaliento y pidió morir.
La bruja Jezabel amenazó con matarlo en 24 horas, y su mensaje llegó rápido porque Elías se había aflojado: dejó su escondite en la presencia del Señor, pavoneándose cerca del palacio en alegría post-triunfo. Dios lo encuentra huyendo y le recrimina dos veces: "¿Qué haces acá, Elías?", ordenándole regresar al camino del refugio secreto.
Elías descuidó la oración, vigilias, ayunos y retiros, quedando sin protección divina y presa fácil del enemigo. En tiempos de bonanza no hay que aflojarse, porque el devorador ronda.
Las disciplinas espirituales deben ser un hábito diario para mantener la salud integral y evitar la vulnerabilidad a las mentiras del diablo, permaneciendo siempre en el pecho del Señor.