La migraña es una enfermedad neurológica crónica de aparición episódica con origen genético multifactorial, que afecta a personas predispuestas desde el nacimiento, similar a la diabetes o hipertensión. Los expertos explicaron que no se cura, pero se controla con tratamientos preventivos y de ataque para reducir frecuencia, duración e intensidad de las crisis, permitiendo una vida normal como en otros casos crónicos.
Entre las opciones de analgésicos se incluyen paracetamol, ibuprofeno, diclofenac, ketorolaco, ergotamina, triptanes y los nuevos gepantes, moléculas diseñadas para bloquear el receptor del péptido relacionado con el gen de la calcitonina durante la "tormenta bioquímica" de la migraña, disponibles en Argentina desde el año pasado. Se recomendó tomar el analgésico a la primera molestia, como abrir un paraguas ante la lluvia, y comer cada tres horas para evitar hipoglucemias desencadenantes.
Para embarazadas con migraña crónica, se aconsejó consultar al obstetra sobre ibuprofeno y adoptar hábitos como comer cada dos horas con frutas o colaciones. Otros desencadenantes incluyen olores fuertes como perfumes o nafta, luces brillantes, sonidos intensos, cambios barométricos y ayunos prolongados, aunque menos del 10% de crisis se deben a alimentos específicos, por lo que se sugiere anotar patrones personales.
La Organización Mundial de la Salud clasifica los ataques de migraña como tan incapacitantes como la ceguera o tetraplejia, pero la sociedad la banaliza, minimizando su impacto laboral y personal. Campañas buscan visibilizarla, promoviendo apoyo social para que los afectados no se sientan invisibles o estigmatizados.
Expertos como María Lourdes destacaron el costo personal subestimado de la migraña, incluyendo lucro cesante y angustia por estudios normales, y diferenciaron de cefaleas tensionales o bruxismo, que requieren tratamientos distintos. Respondieron consultas de televidentes sobre pulsaciones semanales, crisis en embarazo y relación con bruxismo.