Luciano Castro reveló en una charla con Moria Casán su profunda angustia por la separación y la pérdida del amor de su vida, admitiendo que eso le dolió mucho más que el tratamiento mediático. Explicó que no puede enfocarse en recuperar esa relación hasta sanar él primero, asumiendo la culpa por las consecuencias de sus actos y expresando ahora solo agradecimiento por mejorar cada día.
Contó su rutina en la clínica de rehabilitación, donde desayuna con compañeros que se convirtieron en amigos para toda la vida, hace lecturas, medita y sintió una contención enorme que nunca había experimentado. Admitió haber entrado con mucho miedo, llorando y temblando, pero la gente en la calle le da cariño y sus hijos conocen la verdad, con su hijo mayor Mateo orgulloso de él y acompañándolo.
El actor recibió un alta ambulatoria para cumplir contratos laborales, con la productora ajustando horarios para mantenerlo ocupado y contenido, incluso ofreciendo terapeutas o modificaciones en los guiones. Sus compañeros de elenco, como Carla Peterson, lo apoyan mucho, y él se muestra contento pese al bajón demoledor en su vida.
El panel de Intrusos destacó su mejor actitud en esta nota comparada con entrevistas previas, notando su claridad y animación, y el apoyo familiar que le da confianza. Moria Casán aclaró comentarios pasados duros como "actor de madera" o "caniche de exhibición", explicando que lo ve como un bombón deseado por todos.
Discutieron su carrera, revelando que pedía roles dramáticos como en Simona o Mujeres Asesinas a Adrián Suar en Pol-ka, pero lo mantenían como galán por rating. Panelistas elogiaron su manejo de voz y esfuerzos por crecer actoralmente, pese a anécdotas de mal manejo de ira como tirar zapatillas en vivo.